De: Cielo
Para: Alejandro
Enviado: 19 de julio de 2000
Hoy hace mucho frío
fuera y dentro de mí. Pienso que tal vez siempre fue así pero estaba ciega,
entonces ahora sí puedo darme cuenta porque ciertas cosas me fueron abriendo
los ojos de a poco.
Quise escaparme un
poco de la realidad pensando que todo iba a cambiar con el tiempo, pero ya ves:
mañana van a ser ocho meses y todo sigue igual. Mal.
Este email puede
parecerte muchas cosas, incluso un email como cualquier otro de los cientos que
te mandé durante meses. Pero este es diferente, es el de despedida. No me voy
por una semana o por dos, me voy de tu vida para siempre porque sé que estoy de
más. No me necesitás tanto como yo a vos y muchas veces me dijiste que en las
relaciones hay que dar y recibir por igual; no se está cumpliendo esa regla.
Siento que siempre sentí más que vos.
Entonces digamos en
nuestra relación no existe un equilibrio. O no nos vemos nunca, o estamos
peleados… siempre hay un tema para discutir entre nosotros. No tuvimos ni una
sola semana de paz en ocho meses. Creo que es importante un poco de relax, creo
que llegó el día, ¿no?
El tema de vernos más
seguido también quedó en la nada. Ya ves: durante el año te veo (si se te
antoja) dos veces por semana. Ahora estoy en vacaciones, no te voy a ver ni una
vez. Hoy no, Alejandro tiene una reunión de amigos. Mañana tampoco, viaja. ¿Qué
tiempo me dedicas de tu vida? ¿Cuatro horas por semana? ¿eso es un noviazgo?
“Con respecto a vernos más seguido, sabés que se complica un poco: mis
horarios, los tuyos, estamos un poco lejos, etc; pero vamos a tratar”. No. No
te creo una palabra más. Ahora ni siquiera nos vemos los días que supuestamente
nos teníamos a que ver. Olvidate.
A los dos nos gusta
que el otro nos diga cuánto nos quiere, pero ninguno de los dos obtuvo nunca lo
que quiso. Nunca fue bastante, no nos alcanzó. Tal vez a vos sí te alcanzó,
porque no necesitaste nunca verme. Pero no fue suficiente para mí, que te quise
con el alma y no podía verte jamás. Tampoco tuviste en cuenta que además de escuchar
“te quieros” hay que demostrarlos. Shakespeare dijo alguna vez: “no ama quien
no lo demuestra”. Creo que describe perfectamente el “amor” que me tenías.
“Pendeja, no lastimes
a quien necesitás, tirá tu orgullo a la mierda alguna vez”. Me parece que te
hice demasiado caso. Dejé que hicieras lo que quisiste, que vinieras cuando
quisieras, que hicieras y deshicieras sin importarte nada de mí. ¿Pensás que
sos el único que extraña?
Además, había muchas
diferencias entre nosotros. Pero la más notoria era que yo no me quería nada y
vos te amabas demasiado. Tanto que en vos no había lugar para mí. Tal vez
encuentres a alguien a quien ames tanto como te amas a vos mismo y ese va a ser
el amor verdadero. Es un consejo, si yo no lo aguanté, creo que nadie lo va a
aguantar, porque yo con esas cosas soy bastante paciente. Es solo un consejo.
La pregunta es: ¿por
qué no me dijiste desde el principio que te habías tomado nuestra relación de
otra manera? ¿Por qué no me advertiste? Te hubiera amado menos, te hubiera dado
menos. Ahora estoy atada a vos y es un infierno; por eso decido alejarme ahora.
Porque si seguimos con esto que no tiene nombre, voy a amarte cada día mucho
más y no es eso lo que quiero. Tal venzo tendríamos que haber desafiado a nada
ni a nadie, y vos tendrías que estar con alguien de tu edad y yo con alguien de
la mía. Mejor encuentro a alguien que pueda ver a los amigos todos los días,
así ellos no me quitan el tiempo que me tiene que dedicar. Voy a tenerlo en
cuenta a la hora de elegir la próxima vez.
Lo que más duele es
que nunca tuve prioridad en tu vida. Tu felicidad era condición única para que
yo estuviera bien. Siempre te tuve arriba, como el religioso tiene a Dios. Pero
yo nunca te interesé demasiado, sino hubieses tenido más ganas de verme. Tal
vez tantas como yo. Nunca tuve prioridad en tu vida, mientras que vos fuiste
todo en la mía.
Ni como novio, ni como
hermano, ni como amigo; me duele verte, escribirte o escucharte. Este es el
último email, espero que sepas que no me adapté a tu estilo de vida, a tu
filosofía de vida “Light”, cero obligaciones conmigo. No era eso lo que quería
para nosotros.
Yo escribo esto
suponiendo que vas a entender porque se te un tipo inteligente. Así que a
partir de hoy, voy a empezar de nuevo. No quiero hablar con vos. No quiero
verte, no quiero escucharte. No me gustó tu “manera”. Tal vez cuando sea más
grande me acuerde de vos y entienda lo que me habías querido decir. Quizás ya
lo entendí. Por eso hoy, Alejandro, hoy que quiero decidir, prefiero estar con
alguien que me ame a mi manera.
Cielo.
PD. Pero como te amé yo, no te va a amar nadie.